Mirar para contemplar. Mirar para conocer y soñar. Mirar para admirar. Miradas perennes.
La luz, el color, las formas, el movimiento, la armonía. El exterior susceptible de ser mirado; por eso la mirada es perenne, siempre hay algo que contemplar, que conocer y soñar, que admirar.
El bien, la verdad y la belleza están perennes a nuestro alrededor, sólo hay que mirarlo y descubrirlo. Grande y pequeño; adornado con diversas vestiduras; escondido en lo cotidiano y entre lo extraordinario.
Sobre la tierra horizontal, plana, en algunos puntos ondulada, se erigen verticales los álamos; alamedas que salpican de verde el dorado y pardo de la tierra y el cereal.
La mirada se asienta, descansa, vuela sobre el horizonte, descubriendo los verdes de las arbolesdas, los rojos y brillos de las chapas de las casa y naves. Quietud, serenidad, mirada al infinito.

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